Death

Death

domingo, 6 de julio de 2008

Extrañaré IV


Extrañaré tu cuerpo junto al mío tendido;
Y ese mudo te quiero, que pronuncias dormido.
Extrañaré tus pies, mis pies acariciando
Y, con cierta validez, mi sexo reclamando.
Extrañaré tus manos sobre mi piel, furtivas
Y veloces escapando en momentáneas cosquillas.
Extrañaré palabras que, por nunca dichas,
Fueron transformadas en espontáneas caricias.
Extrañaré tu arrogancia de insufrible presumido,
Y la dulce disonancia de un perdón arrepentido.
Extrañaré la insolencia de tus berrinches furiosos,
Tu fabricada indolencia de niño caprichoso.
Extrañaré la inmensa elongación de tu mirada;
Descaradamente tierna, tiernamente descarada.
Extrañaré la inocente pureza de tu rostro;
Esa luz efervescente que enciende tus grandes ojos.
Extrañaré la dulzura cercana en tu presencia;
En mi espalda la tersura de tu roja cabellera.
Extrañaré tu ausencia en la paz de mi conciencia,
En la soledad callada y de fantasmas poblada.
Extrañaré… Extraño amor resuelto en una cama,
Pintoresca situación de dos vidas casi vanas.

sábado, 5 de julio de 2008

Cantando Con Un Ave



El ave azul en mis ojos se extasiaba,

de su pico, dulces trinos se escapaban;

y en mi boca, sus acordes resonaban...

En el eco del vacío ambos vibraban,

y ese dúo se tornó un cruel silbido.

Y mientras el plumífero gozaba,

mi pobre voz tratando de seguirlo,

sus cuerdas vocales agonizaba.

Inmutable, el ave seguía cantando

y, en sus notas, yo desentonando.

El pájaro me daba los sonidos,

que arrasaban con todos mis sentidos...

Y así logré con él cantar a coro;

mi voz y sus trinos... uno solo.

Palabras

Palabras, sólo palabras,
que el viento borró soplando;
y frases, que al ser palabras,
en un aire de brisa volaron.
Vocablos en andanadas,
acuden a mis recuerdos
pero, al ser ellos palabras,
raudos se van dispersos.
Vocales y consonantes
van formando las palabras...
De un hoy, de un ayer, un antes;
quizás también un mañana.
Sonidos, que son palabras
retumban, hondo en mi mente;
memorias, que ahora son vanas,
inundan mi subconciente.
Palabras, sólo palabras,
colmando el espacio tiempo
de la estructura insensata,
que constituye mi cerebro.

Invasión Mental

Quién eres? Oh! Mágico fantasma...
que invades todos mis sueños siempre?
Qué extraña materia es la que te plasma,
inextirpable, en el fondo de mi mente?
Dime quién eres! Quiero conocerte!
Necesito explicarme lo que siento
cuando te intuyo, aunque no pueda verte,
invadiendo todos mis pensamientos.
No me dejes sumir en la ignorancia.
No me mates, que por ti estoy viviendo...
Compadécete de mi existencia humana,
dilucida, por favor, mis sentimientos.
Mi cerebro necesita lo ilumines
para poder plasmarse en ti, también;
para así, toda vivencia que imagines
reverbere, al fin, dentro de mi ser.

Aquel Sentimiento


Nuestro amor fue dulce, puro, sano, tierno,

mas quiso el destino que se fuera en el tiempo.

Juntos vivimos muy felices momentos,

y ahora que no estás, un gran vacío siento.

Necesito de tu boca, de tus ojos, de tus manos,

necesito revivir ese amor ya lejano.

Necesito envolverme en tu tibio pasado,

necesito tenerte de nuevo a mi lado.

Quiero ver tus ojos de ardiente mirada,

acariciar tu cuerpo, tu pelo, tu cara;

sentir en mi boca tus labios celosos,

sentir en mi piel tus dedos curiosos.

Sólo te veo al dormir, mi ensoñación

trato de retener estando despierta;

sólo te siento con la imaginación,

que mi mente acosa cual cruel quimera.

Y aquel sentimiento que abrigó el invierno

nos dejó my fríos al llevarse su calor,

nos dejó muy solos en el mundo incierto,

habiéndonos quitado la identidad del amor.

Aquel sentimiento que se evaporó,

quiso volar alto y... al suelo cayó.

Aquel sentimiento en la caída murió.

Aquel sentimiento éramos tú y yo.

Ahora, al separarnos, queda poco o nada,

algunas caricias, una que otra palabra...

Mas ambos sabemos que, en nuestras almas,

nuestras imágenes quedaron marcadas.

Y aquel sentimiento se fue con dolor,

dejando a su espalda un chispazo de amor.

Aquel sentimiento que lento se apagó,

dejando tan sólo un soplo de pasión.

Qué lejos está aquel sentimiento!

Que jugó feliz, que voló sin prisa;

que en su desengaño, se perdió en el viento

y, buscando olvido, se fue con la brisa.

Tomás Y El Mago

Era el cumpleaños de su amigo José, y Tomás asistía a la fiesta. José cumplía diez años, uno más que Tomás.
La fiesta era estupenda; allí estaban todos los chicos del barrio y del colegio. Y las chicas... por supuesto!
La mamá de José se había tomado un trabajo bárbaro preparando infinidad de bocadillos, todos ellos exquisitos. También había comprado un montón de cosillas de cotillón que alegraban la mesa y a los niños; globos y guirnaldas colgaban del techo adornando festivamente el ambiente.
Los chicos comían, bailaban, jugaban... pero se veían expectantes. Es que, la mamá de José había contratado a un famoso mago que se presentaría cerca de la medianoche, y los niños aguardaban impacientes su llegada.
A las doce en punto de la noche llegó Bharduk, el mago.
Su actuación fue colosal. Tomás contemplaba extasiado los trucos del mago, tratando de seguir sus movimientos para descubrir algún secreto, sin lograrlo. Tomás siempre había querido aprender magia.
Al finalizar su acto, Bharduk se despidió de los niños y abandonó la casa. Fue entonces que Tomás se sintió invadido por un extraño sopor, como así también por una sensación de urgencia que, como un poderoso imán, lo inducía a dejar la fiesta y seguir al mago.
Bharduk sabía perfectamente lo que estaba sucediendo pero se hizo el desentendido, permitiendo que el niño prosiguiese tras de sí.
De pronto, aparecieron frente a un castillo situado en una alta y solitaria montaña; la morada de Bharduk, quien simuló recién descubrir al niño y, mostrando gran sorpresa, exclamó:
_ Vaya! De dónde saliste tú? Acaso de mi galera...?_ sonriéndole.
_ No, señor... _ respondió Tomás, algo temeroso_ yo estaba en la fiesta...
_ Ah, sí! Creo recordarte... _ y, haciendo una pensativa pausa _ Sí, sí! Tú eras quien más atención prestaba a mis trucos!
_ Es que... señor, yo deseo ser mago...
_ Acabáramos! Por eso me has seguido? Pretendes que yo te enseñe?
_ Pues... si ello fuera posible... No existe nada en el mundo que me pueda hacer más feliz que llegar a ser un poderoso mago como Ud.
_ Mmmmm..._ Bharduk miró al niño dubitativamente, luego añadió _ De acuerdo. Pero primeramente deberás saber que la magia está regida por ciertas leyes inquebrantables y una disciplina excesivamente rígida y, como magos, es nuestra obligación y responsabilidad el cumplirlas con obediencia y sumisión. Estas dispuesto a ello? Crées tener la fortaleza para lograrlo?
_ Sí, señor _ respondió Tomás, con convicción.

Después de un tiempo y tras un duro entrenamiento y difícil aprendizaje, el niño fue condicionado por Bharduk para desempeñarse como mago aprendiz.

Su maestro poseía una alfombra mágica en la cual viajaba de tanto en tanto y el niño también quería hacerlo. Bharduk le dijo que, sólo cuando él muriese Tomás heredaría todas sus pertenencias, como así también el acceso a los herméticos secretos de la alta magia suprema; recién entonces podría usar la alfombra.
No contento con esa respuesta, una noche Tomás decidió tomar sin permiso la alfombra, mientras el mago dormía.
Ya fuera del castillo, Tomás subió a ella y voló sobre ella durante un largo tiempo pero, cuando quiso regresar al castillo, la alfombra no le obedeció. Continuó su ruta hasta depositar al niño en su habitación, en la casa de sus padres. Tomás intentó aferrarse a ella, pero la alfombra se le zafó de las manos, perdiéndose en el infinito cielo nocturno. Entonces, el niño notó que ya no poseía poderes...

Tomás se revolvió en su cama, inquieto y se despertó.
_ Qué sueño tan extraño había tenido!_ pensó casi en voz alta.
Bajó a desayunar como todos los días y, luego volvió a su habitación; su madre le había pedido que la pusiera en orden y, decidió hacerle caso.
Estaba recogiendo sus cosas de debajo de la cama, cuando halló algo extrañísimo... Parecía un trozo de pergamino antiguo con unos dibujos raros. Lo guardó prolijamente.
Esa noche, cuando regresó su padre, Tomás fue a su estudio munido del pergamino. Su padre era arqueólogo y pudo descifrar los jeroglíficos insertos en él; se trataba de un antiquísimo dialecto árabe y decía: "Aquel que desobedezca las supremas leyes de la magia será considerado indigno del poder y del conocimiento pleno".

viernes, 4 de julio de 2008

MyGothicSweetness


Nada... Pero es dulce, no?
Bueh, estoy al dope y aburrida! Alguna vez tenía que postear
alguna boludez, so there you gottit!