Death

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sábado, 5 de julio de 2008

Tomás Y El Mago

Era el cumpleaños de su amigo José, y Tomás asistía a la fiesta. José cumplía diez años, uno más que Tomás.
La fiesta era estupenda; allí estaban todos los chicos del barrio y del colegio. Y las chicas... por supuesto!
La mamá de José se había tomado un trabajo bárbaro preparando infinidad de bocadillos, todos ellos exquisitos. También había comprado un montón de cosillas de cotillón que alegraban la mesa y a los niños; globos y guirnaldas colgaban del techo adornando festivamente el ambiente.
Los chicos comían, bailaban, jugaban... pero se veían expectantes. Es que, la mamá de José había contratado a un famoso mago que se presentaría cerca de la medianoche, y los niños aguardaban impacientes su llegada.
A las doce en punto de la noche llegó Bharduk, el mago.
Su actuación fue colosal. Tomás contemplaba extasiado los trucos del mago, tratando de seguir sus movimientos para descubrir algún secreto, sin lograrlo. Tomás siempre había querido aprender magia.
Al finalizar su acto, Bharduk se despidió de los niños y abandonó la casa. Fue entonces que Tomás se sintió invadido por un extraño sopor, como así también por una sensación de urgencia que, como un poderoso imán, lo inducía a dejar la fiesta y seguir al mago.
Bharduk sabía perfectamente lo que estaba sucediendo pero se hizo el desentendido, permitiendo que el niño prosiguiese tras de sí.
De pronto, aparecieron frente a un castillo situado en una alta y solitaria montaña; la morada de Bharduk, quien simuló recién descubrir al niño y, mostrando gran sorpresa, exclamó:
_ Vaya! De dónde saliste tú? Acaso de mi galera...?_ sonriéndole.
_ No, señor... _ respondió Tomás, algo temeroso_ yo estaba en la fiesta...
_ Ah, sí! Creo recordarte... _ y, haciendo una pensativa pausa _ Sí, sí! Tú eras quien más atención prestaba a mis trucos!
_ Es que... señor, yo deseo ser mago...
_ Acabáramos! Por eso me has seguido? Pretendes que yo te enseñe?
_ Pues... si ello fuera posible... No existe nada en el mundo que me pueda hacer más feliz que llegar a ser un poderoso mago como Ud.
_ Mmmmm..._ Bharduk miró al niño dubitativamente, luego añadió _ De acuerdo. Pero primeramente deberás saber que la magia está regida por ciertas leyes inquebrantables y una disciplina excesivamente rígida y, como magos, es nuestra obligación y responsabilidad el cumplirlas con obediencia y sumisión. Estas dispuesto a ello? Crées tener la fortaleza para lograrlo?
_ Sí, señor _ respondió Tomás, con convicción.

Después de un tiempo y tras un duro entrenamiento y difícil aprendizaje, el niño fue condicionado por Bharduk para desempeñarse como mago aprendiz.

Su maestro poseía una alfombra mágica en la cual viajaba de tanto en tanto y el niño también quería hacerlo. Bharduk le dijo que, sólo cuando él muriese Tomás heredaría todas sus pertenencias, como así también el acceso a los herméticos secretos de la alta magia suprema; recién entonces podría usar la alfombra.
No contento con esa respuesta, una noche Tomás decidió tomar sin permiso la alfombra, mientras el mago dormía.
Ya fuera del castillo, Tomás subió a ella y voló sobre ella durante un largo tiempo pero, cuando quiso regresar al castillo, la alfombra no le obedeció. Continuó su ruta hasta depositar al niño en su habitación, en la casa de sus padres. Tomás intentó aferrarse a ella, pero la alfombra se le zafó de las manos, perdiéndose en el infinito cielo nocturno. Entonces, el niño notó que ya no poseía poderes...

Tomás se revolvió en su cama, inquieto y se despertó.
_ Qué sueño tan extraño había tenido!_ pensó casi en voz alta.
Bajó a desayunar como todos los días y, luego volvió a su habitación; su madre le había pedido que la pusiera en orden y, decidió hacerle caso.
Estaba recogiendo sus cosas de debajo de la cama, cuando halló algo extrañísimo... Parecía un trozo de pergamino antiguo con unos dibujos raros. Lo guardó prolijamente.
Esa noche, cuando regresó su padre, Tomás fue a su estudio munido del pergamino. Su padre era arqueólogo y pudo descifrar los jeroglíficos insertos en él; se trataba de un antiquísimo dialecto árabe y decía: "Aquel que desobedezca las supremas leyes de la magia será considerado indigno del poder y del conocimiento pleno".