Death

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domingo, 29 de junio de 2008

Competencia Desleal

Iván Pietrovich, reconocido parapsicólogo ruso, vacacionaba en las soleadas costas de la península de La Florida. Había sido retado a una competencia de poderes psíquicos por Franklin Schimdt, famosísimo paranormal norteamericano. Los secundaba una convención de científicos de todo el mundo, expertos en la materia, que dictaminaría el ganador.
Aún faltaba una semana para el duelo y Pietrovich dedicaba esos días a relajar su mente, asolándose en las cálidas playas.
Por otro lado, Schmidt se entrenaba fanáticamente, encerrado en su bungalow la mayor parte del tiempo.
Cuando llegó el día de apertura de la competencia, Pietrovich lucía un hermoso bronceado mientras que, su contrincante poseía una palidez cadavérica.
Para presenciar la contienda, que se realizaría en la playa y a plena luz del día, se habían dispuesto varios entarimados.
Las gradas estaban repletas. Un cuantioso público había acudido de diversos países. Al hacer su aparición los contrincantes, la tribuna se venía abajo con aplausos y ovaciones.
Dio comienzo la competencia...
Los periodistas pululaban por doquier y las cámaras no perdían detalle de los participantes. Al atardecer, ya habían completado todas las pruebas menores; estos dos excepcionales maestros de lo insólito venían empatando hasta el momento. Faltaban solamente dos pruebas y eran fundamentales: teleportación y proyección astral.

Chin Li Wu se hallaba presente entre los expectadores; observaba con envidia el desarrollo de la competencia. Chin se consideraba a sí mismo muy superior a esos dos farabutes en acción, y se sentía menospreciado al no haber sido tomado en cuenta; estaba sumamente resentido puesto que no se le había permitido participar.
A medida que se aproximaba la culminación del evento, Chin sentía crecer el odio dentro de sí. Cuando Schmidt y Pietrovich fallaron en la teleportación, el chino sonrió satisfecho, pero aún quedaba una prueba más, la final y definitoria.
Los contendientes se disponían a efectuar el viaje astral. Ambos se concentraron durante casi una hora y... lo estaban logrado! Chin no soportó más, todo su odio emergió de pronto; ahora sabrían quién era realmente Chin Li Wu... El más poderoso! Y concentró todo su poder mental en el mal...

Los cuerpos celestes de Schmidt y Pietrovich flotaban a varios metros del suelo, unidos por el frágil cordón plateado a sus cuerpos materiales; apenas si eran visibles sus auras, que daban forma a sus seres etéreos.
Repentinamente, la calma en el ambiente se quebró. El, hasta ahora inexistente, viento comenzó a soplar cada vez con más furia. La tranquilidad del mar también se rompió, cuyas aguas se acercaban peligrosamente a la costa invadiendo las playas con olas gigantescas.
Los meteorólogos, anonadados, no podían explicarse cómo había surgido ese feroz huracán que, emergido de la nada, no habían podido captar con sus sofisticados aparatos. Tarde para lanzar un alerta, llamaron al huracán "Lydia".
La estampida en la playa fue caótica. En segundos, sólo quedaron allí los dos contrincantes y su séquito de científicos, quienes trataban inútilmente de hacerlos reaccionar.
Y, por supuesto, también estaba Chin...
Pronto los científicos abandonaron sus buenos propósitos, huyendo despavoridos del lugar.
En la playa permanecieron los cuerpos inermes de Schmidt y Pietrovich, quienes trataron de retornar a ellos pero, infortunadamente, el fuerte viento había cortado ambos cordones umbilicales; sus cuerpos astrales volaban ahora libres de ataduras.
Una súbida arremetida del mar arrastró los cuerpos tendidos en la arena y... Ah! La ironía... Chin se había concentrado de tal manera que ni tiempo tuvo de darse cuenta cuando fue atrapado también por las arremolinadas aguas.
Y el mar embravecido se tragó los tres cuerpos emitiendo un bramido escalofriante.

Más allá del caos terrenal...
__ Ey, Fraklin! __ vociferó Iván __ Dame tu mano!
__ Hermano, __ expresó Franklin, mientras tomaba la mano extendida __ hemos empatado de nuevo!