Death

Death

domingo, 18 de mayo de 2008

El Condenado

La nave levantó vuelo. Logan podía sentir el tironeo de sus propias moléculas a medida que se inducía la aceleración lumínica. Sólo unos instantes y la nave se equilibró como también su humana composición; ambos eran ya una masa energética desplazándose por el cosmos. Todo había salido bien y Logan rebosaba de dicha. Pensaba en la gran ironía de su vida; hasta hacía poco más de una hora era un condenado a muerto, y ahora... ahora era el super privilegiado, futuro poseedor de una juventud quasi eterna...
Viajaba a bordo de una nave experimental, sirviendo de conejillo de indias a una loca idea de unos científicos más locos aún, pero nada importaba, cualquier cosa era mejor que rendirse a la muerte, y encima parecía funcionar! Lo único que él debía hacer era mantener la velocidad hiper lumínica en una línea recta progresiva, mientras, él rejuvenecería; y el espejo de demostraba que ello estaba sucediendo. Por otro lado, si estabilizaba la nave en un punto determinado, también lo hacía su marcha regresiva, es decir que, podía permanecer en una determinada edad durante el tiempo que le diera la gana y luego, seguir adelante o regresar. Si optaba por esto último, recuperaría tiempo hasta llegar al punto de partida contando nuevamente con los treinta años de edad que tenía al partir. Lo realmente gracioso era que, cuando retornase, joven como antes, todos, incluídos los científicos y carceleros se habrían transformado en enclenques carcamanes y él podría hacer lo que le viniera en gana. Logan reía en su soledad pensando en ello.
Había llegado a los veinte años y decidió ajustar el tiempo en esa edad, su favorita; conectó el dispositivo de ondulación. Logan meditaba y hacía cálculos, si lograba seguir repitiendo el experimento, continuaría fluctuando entre sus veinte y treinta años indefinidamente. Se durmió profundamente.
Desconocía cuánto había permanecido ondulante pero, comenzaba a sentir cierto desasosiego: necesitaba una mujer, pensó. Ante la urgencia física, determinó que había llegado el momento de su primera regresión. Inició el proceso de desestabilización y, en unos momentos, se hallaba viajando a la inversa. Concentrado en los controles, el espejo le mostraba el paulatino regreso a su edad, comenzó a bajar la velocidad. Sufrió impasible los incómodos cambios que se producían mediante la desaceleración hasta que la nave se detuvo.
Descendió de la nave con aire triunfal reflejado en sus jóvenes facciones. La amplia sonrisa que sus labios dibujaban pronto se transformó en un gesto adusto. Nadie había venido a recibirlo, y el lugar que antes fuera un moderno espaciopuerto, era ahora un inhóspito desierto que se prolongaba hasta donde alcanzaba su mirada. Entonces tuvo un súbito presentimiento.
_ Maldición! Esos imberbes científicos se equivocaron!
Fue lo único que atinó a decir antes de desintegrarse.
El montoncito de polvo oscuro sobre el agreste suelo desértico fue barrido por un brusco ventarrón.